Escucha.
Hay una cosa que te enseñé en mi último correo,
en un intercambio comercial siempre hay un tonto.
Y si no sabes quién es…
probablemente seas tú.
Pero hay una excepción.
Me preguntó un suscriptor:
—¿Entonces siempre hay que evitar ser el tonto?
No.
A veces conviene serlo.
Hace muchos años, por el 2004 o por ahí, un amigo quería comprar un Volkswagen Polo de segunda mano.
Había salido un modelo nuevo con un motor de tres cilindros. Sin entrar en detalles te digo que no estaban teniendo muy buena fama y los motores no parecían muy estables.
Fuimos a verlo.
Éramos un par de chavales o tres, delante de un comercial con camisa, corbata y esa sonrisa que tienen algunos tipos cuando huelen una comisión.
Y allí, después de escucharle un rato, tuve una pequeña iluminación.
Pensé:
Este tío cree que somos gilipollas.
Bien.
Si ese iba a ser nuestro papel…
yo iba a interpretarlo de puta madre.
Empecé a preguntar cosas.
Pero no preguntas normales.
Preguntas muy de imbécil.
De esas que hacen que el otro piense:
Este colega no tiene ni puta idea.
En un momento le digo:
—Oye, este no será de tres cilindros, ¿no?
—No, no. Este es de cuatro. Mucho mejor. Más equilibrado, más fiable, más no sé qué…
Y allí empezó su clase magistral.
Yo asentía.
Como un idiota.
Al rato, con el capó levantado veo unos tubos en el motor y le pregunto:
—¿Y eso qué es?
—Las tuberías de los inyectores.
Ah.
Muy interesante.
Y el hombre siguió explicando.
Yo contaba.
Uno.
Dos.
Tres.
Y entonces dije:
—Espera…
Si me has dicho que lleva cuatro inyectores…
¿por qué veo tres tubos?
El hombre dejó de sonreír.
Miró los tubos.
Volvió a mirarme a mí…
Tenía los ojos ensangrentados.
Y empezó a hablar.
Ya no hablaba como maestro de ingeniería.
Estaba improvisando.
Una explicación.
Otra.
Otra.
Información que no había solicitado, contradicciones constantes y que sólo le perjudicaba…
Yo ya ni le escuchaba y creo que el estaría en ese momento en el que piensas…
“Qué voy a decir después… y al mismo tiempo viéndote desde fuera diciéndote. Qué estas diciendo?…”
Después pregunté por la documentación.
Más historias.
Ahora ya no parecía un vendedor.
Parecía un hombre intentando escapar de una habitación en llamas.
Y todo porque yo había hecho algo muy sencillo:
había fingido ser más tonto de lo que era.
Bueno, te dejo por hoy.
Dicen que es Sábado y voy a prepararme para una noche entre amigos, vino, risas…
y peligros varios.
Bonito día, mejor noche…
-Sergio Ruiz.
PD:- Hoy no hay PD, todo claro verdad???…
