Te prometí que te diría algo curioso, pues escucha…

El otro día estaba viendo salir un paso procesional de Semana Santa.

Nada especial al principio.
Gente colocándose, algo de ruido, cierto desorden.

Lo que suele pasar, nada nuevo

Pero en cuanto empezó, todo cambió.

Gente muy distinta.
Edades, vidas, formas de pensar… todo mezclado.
Y aun así, aquello empezó a fluir.

Sin caos.

Y observé algo.

Nadie estaba dando órdenes todo el rato.
Nadie controlaba cada movimiento.

Simplemente, todos tenían claro a qué iban.

Y cuando eso pasa, sobra mucho ruido.

Cada uno sabe cuándo apretar, cuándo parar y cómo responder.
Sin necesidad de explicarlo todo.

Luego miré al que dirigía.

No estaba gritando.
No estaba imponiéndose.

Pero cuando hablaba… se hacía silencio.

Ahí se ve mucho sobre liderazgo.

El liderazgo no va de levantar la voz.
Va de que te escuchen cuando importa.

Y eso no te lo da el cargo.

Se gana.

También me llamó la atención la comunicación.

Frases cortas.
Directas.
Sin adornos.

Lo justo para que todo funcione.

Nada que ver con esas reuniones eternas donde se habla mucho y no se dice nada.

Y después está la parte que nadie ve.

Horas de ensayo.
Errores.
Repetir una y otra vez hasta que todo funcione.

Ahí es donde se construye todo de verdad.

Porque nada sale bien por casualidad.

Pero lo más potente no es eso.

Es que la gente lo siente.

Hay orgullo.
Hay identidad.
Hay algo que tira de ellos.

Y cuando eso existe, no tienes que empujar.

Van solos.

Esa es la diferencia:

Dirigir no es organizar personas.
Es conseguir que quieran avanzar juntas.

-Yeyo Ruiz. Enfoca tu energía.

Keep Reading