¿De vuelta de vacaciones?
Yo sí.
Y durante estos días he hecho algo que normalmente no hago.
Mirar.
Y escuchar.
No porque me interese demasiado la vida de los demás, es porque cuando estás de vacaciones tienes tiempo para esas cosas.
Te sientas en una terraza, te pides una cerveza fría, te pones a observar tranquilamente y de repente descubres que el mundo sigue funcionando aunque tú estés tocándote los huevos.
Y se escuchan cosas y se aprenden cosas.
Muchas
Una tarde estaba en una terraza de la Costa del Sol.
Hacía calor.
De ese calor que hace que la cerveza desaparezca del vaso sin que tengas muy claro quién se la ha bebido.
En la mesa de al lado había un chaval y una mujer que parecía su madre.
Discutían.
Bastante.
El chaval llevaba una camiseta demasiado colorida y ese corte de pelo que llevan ahora.
No sé cómo llamarlo.
Es uno de esos cortes que te hacen pensar que el peluquero le tiene manía o que el muchacho se ha cortado el pelo solo, a oscuras y con una motosierra.
Sobre la mesa tenía una bebida energética.
La mujer tenía un Martini rojo con hielo, una rodaja de limón y una copa de agua.
Ella iba muy elegante.
Vestido azul turquesa, vaporoso.
El pelo recogido.
No intentaba esconder su edad.
Eso me gusta.
Hay mujeres que intentan parecer veinte años más jóvenes y terminan pareciendo que están enfadadas con el calendario.
Ella no.
Ella parecía haberse arreglado con él.
Con el calendario, con el tiempo.
El chaval pelo de rata hablaba de un negocio.
Un negocio seguro.
De esos que, cuando alguien te dice que son seguros, normalmente empiezan los problemas.
Hablaba de unos amigos con los que iba a entrar.
Aunque amigos, amigos…
Uno era conocido reciente.
A los otros ni siquiera los conocía.
Pero daba igual.
Iban a ganar dinero.
Mucho dinero.
La historia era sencilla.
Propiedades con cargas.
Embargos.
Impagos.
Problemas.
Ellos conseguían limpiar todo aquello y después vendían las propiedades mucho más baratas de lo que valían.
Un local de cien o doscientos mil euros podía salir bastante más barato.
Y todos ganaban un montó.
El chaval estaba entusiasmado.
—Es dinero fácil —decía.
—Un negocio seguro.
Yo bebía mi cerveza.
La mujer bebía su Martini.
Y pensé que aquella mujer estaba a punto de decir algo.
Las madres ya saben cuándo sus hijos están a punto de hacer el guilipollas.
Entonces ella lo miró.
Sin levantar la voz.
Sin enfadarse.
Y le dijo:
—Mira, hijo.
En todos los negocios de este tipo siempre hay un tonto.
El chaval se quedó callado.
Ella dio otro sorbo al Martini.
Y continuó:
—Cuando no veas fácilmente al tonto...
...mira en un espejo.
Puede que allí lo encuentres.
Y se quedó tan tranquila.
Yo también.
Terminé mi cerveza.
No sé qué pasó después.
Supongo que el chaval siguió pensando en su negocio.
Y supongo que ella siguió pensando que había criado a un hijo bastante más listo de lo que realmente era…
Señoría…
-Nada mas que añadir.
Bonito día…
-Sergio ruiz.
PD: Clase magistral de una elegante dama…
En los negocios.
En las compras.
En las vacaciones.
En la vida.
Cuando todo parece demasiado fácil, demasiado barato y demasiado seguro...
quizá lo primero que deberíamos hacer es mirar alrededor.
Y después...
mirarnos al espejo.
