Escucha…
No procrastinas.
Negocias.
Cada vez que dices “mañana”…
has decidido.
No hacer nada también es una elección.
Y normalmente gana.
Porque es más fácil.
Más cómodo.
Más inmediato.
El problema no es la acción.
Es lo que hay detrás.
Si no pesa lo suficiente…
no te mueves.
Piénsalo.
Cuando eras más joven y te gustaba una chica…
no procrastinabas.
No pensabas en si era buen momento.
Ni en si estabas cansado.
Ni en si “ya mañana”.
Ibas.
¿Por qué?
Porque lo que querías…
pesaba más que el miedo a intentarlo.
Y también más que quedarte sin nada.
Ahí no había negociación.
La mayoría de las veces sí la hay.
Porque lo que dices que quieres…
no te importa tanto.
Puedes llamarlo falta de disciplina.
Pero no lo es.
Es que no te compensa.
Cuando algo importa de verdad no hay debate.
Vas.
Aunque no tengas ganas.
Aunque estés cansado.
Aunque no toque.
La pregunta no es qué tienes que hacer.
Es otra.
¿Qué estás aceptando cada vez que no lo haces?
Yeyo Ruiz. Enfoca tú energía.