Escucha.
Primavera.
La ciudad vibrando.
El aire lleno de olor a azahar.
Una cerveza fría en la mesa.
Un amigo enfrente de mi.
De repente me dice:
—Yeyo… estoy muy jodido.
Me reí.
La energía de la calle era otra. Gente pasando, risas, música de fondo. Todo parecía demasiado vivo para una frase así.
Pero cuando lo miré a los ojos entendí que no bromeaba.
Se veía apagado.
Triste.
Se reía… pero tarde.
Como si la risa tuviera que alcanzarlo.
En un momento se quedó callado.
Demasiado callado.
Y dijo bajito:
—Tío… antes tenía hambre. Hambre de vida.
Miró la cerveza.
—Ahora me levanto… y todo es igual.
Sonrió, como si fuera una broma. Pero sus ojos no bromeaban.
Siguió hablando.
—En el trabajo soy invisible. Todos pasan de mí. Si pudieran, me echarían mañana mismo. Le dio un trago a la cerveza.
—El otro día había quedado para entrenar con unos colegas. Hizo una pausa.
—Me vestí. Me puse las zapatillas. —Me senté en la cama… y me quedé mirando la pared.
Quince minutos mirando la pared.
—No tenía fuerzas para moverme.—Les escribí: “Me ha surgido algo”. —Y me volví a tumbar.
…
Luego añadió:
—Y lo peor no es no ir…—Lo peor es cómo me siento después.
Se quedó mirando la calle.
Luego me contó lo otro.
—Hablas con una chica… todo va bien. —Pero cuando llega el momento de lanzarte, aparece esa voz en la cabeza:
“¿Dónde vas, colega? Con esa facha… y esa barriga… ni te la ves cuando la sacas a mear.”
Otra vez ese silencio pesado…
Pensé en varias cosas.
Mandarlo al gimnasio.
Pero ya sé cómo termina eso la mayoría de las veces.
Recomendarle un libro de autoayuda.
Promesas bonitas, cero aplicación real.
O mandarlo al carajo y seguir con el día. Joder el día era perfecto, excepto por lo de Nacho.
Pero bueno, Nacho es mi amigo. Y cuando un amigo pide ayuda… eso es valentía.
Así que me quedé callado un momento.
Y le tendí la mano.
—Nacho.
—Todos los días. A la misma hora.
—Haga frío, calor, llueva o se queme el mundo.
—Sigue este ritual.
Me miró con los ojos aún brillantes.
Y apretó fuerte mi mano.
Lo entendí en ese momento.
No estaba firmando un compromiso conmigo.
Lo estaba firmando con él mismo.
Hubo días muy difíciles.
Al principio.
A mitad del camino.
Y más tarde también.
En realidad… siguen existiendo días difíciles.
Pero no abandona.
Porque cuando un león se ha dormido
y ha olvidado su poder…
Si vuelve a rugir…
No lo hace para avisar que ha llegado.
Lo hace para recordarse quién es.
Y tú…
¿Vives con hambre?
¿O sobrevives cómodo y en silencio?
No hace falta que me respondas.
Pero no te mientas.
—Yeyo Ruiz. Que pases un buen día.
PD: Te prometí un regalo.
Si en esta carta no lo has encontrado entre líneas, te doy otro.
Te enseñaré el ritual que le di a Nacho.
Si quieres que te lo envíe, respóndeme a este correo con una sola palabra:
RITUAL.
Enfoca tu energía y Sigue forjando.
