Para aquellos que conocieron las cintas de VHS y los walkman
Puede que también os acordéis de un chaval joven, con mucho morro y que se paseó por todas las alfombras rojas de la época…
Se hizo conocido porque, siendo muy joven, logró colarse en actos oficiales, fotografiarse con políticos, empresarios y personalidades relevantes, y convencer a muchas personas de que tenía contactos e influencia en altas esferas del Estado. Durante un tiempo, algunas personas llegaron a creer que actuaba como intermediario para organismos públicos o servicios de inteligencia.
Su caso generó enorme atención mediática porque planteaba una pregunta interesante: ¿cómo pudo alguien tan joven convencer a tanta gente importante de que era quien decía ser?
Este tipo se hacía llamar “El pequeño Nicolas”
Y qué?
Pues que este hombrecito utilizó el efecto halo como nadie.
Este Nicolas se hizo ver rodeado de gente muy influyente, por lo que todo el mundo dio por hecho que seria un tipo con mucha influencia y contactos muy importantes.
Eso mismo hace Zara, la tienda de ropa.
Suelen buscar ubicaciones "prime": las calles comerciales más transitadas y prestigiosas de cada ciudad. Eso hace que muchas veces comparta entorno con marcas de lujo como Louis Vuitton, Gucci o Chanel.
¿Casualidad?
Probablemente no.
Cuando te rodeas de prestigio, parte de ese prestigio se proyecta sobre ti.
Este mismo mecanismo también aparece cuando compras un coche.
El coche llega recién preparado.
La pintura brilla.
Las llantas parecen nuevas.
El interior huele a limpio.
Las fotos son espectaculares.
Y nuestro cerebro hace exactamente lo mismo que hizo con el Pequeño Nicolás.
Si parece bueno...
Debe ser bueno.
Pero la realidad es que las averías no están en la pintura.
Ni en las llantas.
Ni en las fotos.
Están donde no se ve.
Por eso dos coches pueden generar sensaciones completamente distintas aunque mecánicamente sean iguales.
Y también por eso algunos compradores terminan pagando más por una impresión que por un coche.
El efecto halo nos ayuda a decidir rápido.
Pero cuando hablamos de miles de euros, decidir rápido puede salir caro.
Ojo, esto es igual para todo en la vida.
Para una casa.
Para un currículum.
Para un presupuesto.
Para un libro.
Incluso para ligar.
Porque el efecto halo no trata de coches.
Ni de ropa.
Ni del Pequeño Nicolás.
Trata de cómo funciona nuestro cerebro.
Primero vemos una señal.
Y después construimos una historia alrededor de ella.
Una foto con gente importante.
Una calle rodeada de marcas de lujo.
Una carrocería impecable.
Y de repente asumimos muchas cosas que nadie ha demostrado.
Por eso conviene recordar algo:
La apariencia influye.
Pero no sustituye a la realidad.
Y cuanto más dinero hay en juego, más importante es distinguir una de la otra.
Bonito día.
-Sergio Ruiz.
PD: Cuida tu imagen…
