Sobre mí



Si estás aquí es porque quieres saber quién soy.
Pues ese de la foto soy yo.

Y si en algún momento esto deja de interesarte, puedes dejar de leer.
No me ofenderé.
De hecho, creo que esa es una de las cosas que he aprendido con los años.
No intentar convencer a nadie.

Ahora bien…

Si has llegado hasta aquí, probablemente estés buscando algo.
Puede que quieras comprar un coche.
Puede que quieras venderlo.
Puede que necesites ayuda para tomar una decisión.
O puede que simplemente quieras averiguar si el tipo que tienes delante sabe de lo que habla.

Eso último me hace gracia.

Porque cuando alguien entra en una sección llamada “Sobre mí”, en realidad está buscando información sobre sí mismo.

Está intentando responder preguntas como:
¿Puedo confiar en este tío?
¿Sabe lo que hace?
¿Me voy a equivocar si le hago caso?
¿Me va a hacer perder tiempo o dinero?

Y eso dice mucho más de cómo funcionan las personas que de mí.

Pero ya llegaremos a eso.
Primero te cuento una historia.



Hace treinta años tuve mi primer trabajo en un taller.

Yo era un chaval con un título recién sacado y más confianza que experiencia.
Mi jefe era un personaje. De esos que contrataban jóvenes, pagaban poco y exigían mucho.
Un día me llamó y me dijo: —Tú no vales para esto. Nunca serás mecánico.
La verdad…
No recuerdo qué estaba haciendo. No recuerdo qué coche había en el elevador. Ni siquiera recuerdo si tenía razón o no. Lo que sí recuerdo es que me marché. Y mientras me iba me hice una promesa.

Si no conseguía ser mecánico, no sería otra cosa en la vida.
Así de simple. Y bastante cabezota, visto con perspectiva.

Han pasado más de treinta años desde entonces. Y aquí viene la parte curiosa.
Durante todo ese tiempo pensé que estaba aprendiendo sobre coches. Pero resulta que no.
Bueno… no solo sobre coches. Estaba aprendiendo sobre personas. Porque después de miles de averías, compras, ventas, discusiones, negociaciones y decisiones absurdas, empecé a ver algo que se repetía constantemente.
La gente cree que toma decisiones con lógica.
Yo no.
Creo que la emoción toma la decisión y la lógica redacta el informe para justificarla después.
Y cuanto más dinero hay en juego, más evidente resulta.

Lo veo cuando alguien compra un coche.
Lo veo cuando alguien lo vende.
Lo veo cuando negocia.
Lo veo cuando intenta demostrar algo.
Lo veo cuando tiene miedo.
Y también lo veo cuando se engaña a sí mismo.

Por eso muchas veces sé lo que está pasando antes de que la otra persona lo diga.
No porque sea más listo.
Simplemente porque llevo demasiado tiempo observando.
A eso hay que sumarle otra cosa.

Llevo años practicando aikido.
Y aunque parezca que no tiene nada que ver con todo esto, probablemente me enseñó una de las lecciones más importantes de mi vida.
Cuando entiendes qué está moviendo realmente una situación, dejas de luchar contra ella.
Empiezas a verla con claridad.
Y cuando ves algo con claridad, tomar decisiones se vuelve mucho más fácil.

Hoy sigo trabajando con coches.
Pero si te soy sincero, hace tiempo que entendí que los coches son solo la excusa.
Lo que realmente me interesa son las personas.
Cómo deciden.
Por qué se equivocan.
Qué les da miedo.
Qué desean de verdad.
Y qué les impide ver lo que tienen delante.

Así que si algún día trabajamos juntos, ya sea para comprar un coche, venderlo o tomar una decisión importante, probablemente no te aporte más información.
Información ya hay de sobra.
Lo que intentaré aportarte es algo mucho más difícil de encontrar.

Criterio.